[English]   [Français]
18/07/2013 | VIAJEROS SIN CORBATA

No es fácil de entender, pero resulta un tanto lacerante volar regularmente de regreso a Málaga desde cualquier otra capital de Europa, agotado de tanto hablar en lenguas ajenas sobre asuntos de gran enjundia; llevando chaqueta y corbata que, lejos de abrigar, oprimen y comprobar, en pleno abatimiento, que estas aislado. Nadie más comparte tu cansancio, porque viajas rodeado de pasajeros bulliciosos, de atuendo desenfadado, que reflejan en sus rostros la ilusión de llegar a un lugar, donde el sol y su calor les van a permitir pasar unos días, ajenos a la tristeza de los fríos y brumas permanentes de sus países de origen.

La reiteración continuada de esta clase de vuelos me obligó a tomar cartas en mi propio asunto. Tenía que cortar de raíz tan desagradable sensación como fuera. El remedio que yo mismo me proporcioné fue simple y de un resultado inmejorable: olvidarme de quién era y travestirme mentalmente en un turista como los que me rodeaban. Dicha fórmula me permitió aterrizar cada vez con la misma ilusión que el resto del pasaje; como si, en vez de regresar a casa, arribara a una Málaga para mí desconocida, y lo hiciera por vez primera. Es una singular manera de captar mejor la paulatina evolución de nuestra ciudad; de verla cada vez con renovada mirada. He de confesar que desde que utilizo este sistema, llego a casa con vigor y optimismo. Con el mismo espíritu con el que supongo debieron llegar por el mar nuestros fundadores, los fenicios.

La receta me había funcionado bien hasta el pasado viernes de Dolores, víspera de la Semana Santa. Esta vez no pude contagiarme del espíritu vacacional que traía el resto del pasaje. Antes al contrario, me invadió el mismo miedo que embarga al turista cuando conoce o simplemente intuye un contratiempo, por nimio que sea. Porque el turista busca paz y tranquilidad;  que todo esté controlado y, si acaso, acepta una aventura –erótica o anecdótica; igual da con tal de que sea aventura, incluso imaginaria- que le sirva para comentarlo al regreso entre sus próximos. Sin embargo lo que yo me temía no era algo divertido, sino algo que puede llegar a ser una tragedia para un turista pequeño burgués.

Sabía que tenía muchas posibilidades de no encontrar un taxi a mi llegada. Sabía también que me podía encontrar una ciudad sucia y pestilente, nauseabunda. ¿Esto es lo que como turista deseaba? Decididamente no. Las anunciadas huelgas de empleados de la limpieza en la capital, y de taxistas para toda la provincia, se abortaron en el último momento, tras unas conversaciones al límite del tiempo, que intuyo si no coercitivas, al menos de una presión inadecuada para la libertad que debe imperar en una negociación.

Afortunadamente me di cuenta que eso a mí no me afectaba. Tenía mi automóvil en el aparcamiento y podía prescindir de pasear por el centro y ver las procesiones. Situación contradictoria, pensé: se montan huelgas para los malagueños, pero a quienes más afectan son a los foráneos. Es visto que se puede lograr tambalear la hoy endeble economía malagueña, con solo hundir el estilete en el punto neurálgico que la sustenta: el turismo. Cada visitante soportará como pueda la situación pero,  por supuesto, no volverá a pisar nuestros establecimientos en la vida.

No seré quien me detenga analizando las razones de estas huelgas, tan controvertidas. Pero sí creo que deberían hacernos reflexionar sobre ese vacío jurídico que permite que no estén aun reguladas. Resulta increíble que, después de más de treinta años desde que la huelga fuera considerada legalmente un derecho fundamental por la Constitución vigente, ninguno de los diez Gobiernos democráticos habidos la haya regulado. La huelga sigue siendo solo un principio, casi un mero enunciado programático, sin desarrollo legal. Regímenes ha habido –y los hay- con rodillo y sin él, que bien podrían haber puesto fin a un limbo legal que se prolonga ya treinta y cinco años. Posibilidades de concertarse nuestros legisladores para convenir un texto que ordene las pautas mínimas de ejercicio de este derecho, han existido y existen.

Ya es hora de que los Señores Diputados y Senadores se hagan merecedores del calificativo de padres de la patria. Déjense del “y tú más”. Olviden discutir si sus ideas son mejores o incompatibles con las de los demás y hagan un ejercicio de finura jurídica y prudencia social. Tracen las líneas maestras del ejercicio del derecho de huelga, en beneficio de huelguistas y afectados por ella. Y piensen, cuando viajen sin corbata en busca de asueto, cómo les sentaría tener que ir andando por un país extraño, arrastrando maletas entre bolsas hediondas de basura.

Artículo de José María Davo Fernández.

 

Jiménez y Davo Abogados SLP

Avenida Muelle de Heredia Nº 14 4º Izq.

29001 Málaga @jmdavofe @jimenezydavo




<>

<Volver al índice de Noticias>
 
Avda. Muelle de Heredia, nº 14, 4ª I 29001 MÁLAGA (ESPAÑA) Teléfonos: 95 221 03 43 - 95 221 02 63 Fax: 952 21 15 65 abogados@jimenezydavo.com
Bufete Miembro de:   
Política de Privacidad | Servidor Seguro | LSSI
©JIMENEZ Y DAVÓ, ABOGADOS